Rubia y ojos azules, piel clara. No me detendré a explicarles como vestía, pero supondrán, era una chica de esas a las que su nivel estético se acerca a lo sublime. Seguramente podría hacer juegos cromáticos sobre lienzo que vendería, sin duda alguna, como churros.
De blanco y beige resaltaba sobre el verde brillante cuando cogí el autobús interurbano. Me senté detrás suya y la observe hasta el momento en que ella comenzó a inspeccionar sus piernas donde encontró justo en la rodilla una costra plana y circular; la despego con las uñas por los extremos, agarro y desprendió como si fuese una tirita. Su cara mostró una satisfacción que acompaño a la mía, acababa de llegar a mi parada.
2 comentarios:
Claro, la costra te la quedaste tú.
La cara de sastisfacción no era por otra cosa.
Podrías pintar un cuadro sobre la costra.
Yo lo compraría.
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